


3.
“Bien ¡debes casarte!” lloraba la hermana de la primera esposa de su padre, Fatima (a la cual Abdullah detestaba aún más que a Hakim). “Ya lo dije una vez, y lo vuelvo a repetir ¡un hombre joven como tú ya debería tener al menos dos esposas.” Y no contenta con simplemente decir eso, Fatima declaró su intención de ponerse a buscar algunas esposas para él – una oferta que hizo que Abdullah temblara de miedo.
“ Y lo más valioso que consiga tu stock, que probablemente lo hayas robado, o lo más que perderás si tu puesto arde en llamas ¿habías pensado en eso?” le regañó el hijo del tío de la primera esposa de su padre, Assif (un hombre al que Abdullah odiaba más que a los dos primeros juntos)
Él le aseguraba a Assif que siempre dormía en el puesto y que era muy cuidadoso con las lámparas. At that all three of his father's first wife's relatives shook their heads, rut-tutted, and went away. ** Esto normalmente significaba que le dejarían en paz durante otro mes. Abdullah suspiraba con alivio y se sumergía enseguida de nuevo en sus ensoñaciones.
Para entonces, el sueño estaba enormemente detallado. En él, Abdullah era el hijo de un poderoso príncipe que vivía tan al este que su país era desconocido en Zanzib. Pero Abdullah había sido raptado a la edad de dos años por un malvado bandido llamado Kabul Aqba. Kabul Aqba tenía una nariz ganchuda como el pico de un buitre y llevaba un aro dorado enganchado en una de sus fosas nasales. Portaba una pistola con montura de plata con la cual amenazaba a Abdullah, y tenía una sanguinaria en su turbante que parecía otorgarle poderes sobrehumanos. Abdullah estaba tan asustado que se escapó al desierto, donde se encontró con el hombre al que ahora llamaba padre. El sueño no tenía en cuenta el hecho de que el padre de Abdullah nunca se había aventurado en el desierto en toda su vida; de hecho, solía decir que aquel que se atreviera a ir más allá de Zanzib debía estar loco.
No obstante, Abdullah podía imaginar la pesadilla del seco, sediento, cansado viaje que había hecho antes de que el buen mercader de alfombras lo encontrara. Asimismo, podría pintar con gran detalle el palacio del que había sido raptado, con los pilares y el suelo de la sala del trono hechos en pórfido verde, los cuartos de las mujeres, y las cocinas, todo de la más suma riqueza. También había siete cúpulas en el techo, cada una recubierta con polvo de oro.
** Supongo que os habréis dado cuenta de la frase en inglés que quedo en el medio. He de admitir que no tenía ni idea de como traducirla, así que sí alguien sabe como, agradecería que me lo dijera. Mientras tanto, interpretar lo que queráis :P
(EL CASTILLO EN EL AIRE de Diana Wynne Jones.
Capítulo I: En el que Abdullah compra una alfombra)
2.
Desafortunadamente, y todo el mundo estaba de acuerdo, Abdullah había heredado el carácter de su madre – la segunda esposa de su padre – que era una mujer soñadora y temerosa, y desilusionada con todo el mundo. Sin embargo, este hecho no era algo que preocupara a Abdullah. La vida de un mercader de alfombras ofrecía pocas oportunidades para la valentía, y él estaba, en general, contento con ello.
El puesto que había comprado, aunque pequeño, resultaba un buen lugar. No estaba lejos de West Quarter, donde la gente rica vivía en sus grandes casas rodeadas de bonitos jardines. Mejor aún, era la primera zona de Bazaar por donde pasaban los fabricantes de alfombras venidos del desierto del norte cuando llegaban a Zanzib. Tanto la gente rica como los creadores de alfombras solían buscar las tiendas grandes en el centro de Bazaar, pero un sorprendente largo número de ellos estaban dispuestos a parar en el puesto de un joven mercader de alfombras, cuando el susodicho joven comerciante se cruzaba en su camino y ofrecía sus gangas y descuentos con gran cortesía.
En ese aspecto, Abdullah, con frecuencia, era capaz de comprar las alfombras de mejor calidad antes de que otros se fijaran en ellas, y venderlas sacando ganancias. En el medio de la compra y la venta, podía sentarse en su puesto y continuar con su ensoñaciones, que siempre le hacían sentir bien. En realidad, prácticamente el único problema en su vida venía de las relaciones de su padre con su primera mujer, la cual siempre lo visitaba una vez al mes solo para señalar sus defectos.
“¡Pero no estás ahorrando nada de tus beneficios!” lloraba el hijo del hermano de la primera esposa de su padre, Hakim (al cual Abdullah detestaba) un fatídico día.
Abdullah explicaba que cuando él conseguía una ganancia, su costumbre era usar ese dinero para comprar una alfombra mejor. De este modo, aunque todo su dinero estuviera invertido en su inventario, conseguía unas mejores existencias y aumentaba la calidad de su puesto. Él ya tenía lo suficiente para vivir. Y como decían los parientes de su padre, no necesitaba más, puesto que no estaba casado.
Entradas relacionadas ›› Traducción de Castle in the air [cap I (1/10)
EL CASTILLO EN EL AIRE
de Diana Wynne Jones
CAPÍTULO I: En el que Abdullah compra una alfombra
Lejos, al sur de la tierra de Ingary, en los territorios del sultán Rashpuht, un joven mercader de alfombras llamado Abdullah vivía en la ciudad de Zanzib. Como mercader que era, no poseía riquezas. Su padre siempre se había sentido decepcionado con él, y cuando murió, solo le dejó a Abdullah el dinero suficiente para comprar y mantener un modesto puesto en la esquina noroeste de Bazaar. El resto del dinero de su padre, y los grandes almacenes de alfombras en el centro de Bazaar, habían ido a parar a los parientes de su primera mujer.
Abdullah nunca había sabido porque su padre se había sentido decepcionado con él. Una profecía decía que su nacimiento tenía algo que ver con ello, pero nunca se había molestado en averiguar nada más. En vez de eso, a una temprana edad, sencillamente comenzó a soñar despierto sobre ello. En sus ensoñaciones, él era el hijo perdido de un gran príncipe, con el añadido, por supuesto, de que su padre no era realmente su padre. También había un auténtico castillo en el aire, y Abdullah sabía que realmente existía.
Todo el mundo le decía que había heredado la apariencia de su padre. Cuando se miraba en un espejo, veía a un hombre bien parecido, joven y delgado, y sabía que se veía como en el retrato de su padre cuando era un muchacho, siempre teniendo en cuenta el hecho de que su progenitor lucía un lozano bigote, mientras que Abdullah tranquilamente se rascaba sus seis pelos sobre el labio superior y esperaba multiplicarlos pronto.
La última frase, la de los pelos de Abdullah me costó dios y ayuda traducirla, así que no me fío mucho del resultado que me ha salido.
¡Espero vuestras opiniones!
Entradas relacionadas
Cargando...